
Friðheimar: Comiendo dentro de un invernadero de tomates en Islandia
En el Círculo Dorado casi todas las paradas tienen que ver con la geología de Islandia. Friðheimar rompe completamente con eso. Es una granja de tomates en pleno funcionamiento, en Reykholt (sur de Islandia), donde puedes sentarte a comer dentro del invernadero, rodeado de plantas y con abejorros volando por encima.
Además, tienen caballos islandeses, visitas guiadas y una tienda con productos hechos a base de tomate para llevarte de recuerdo.
En esta guía te cuento qué es exactamente Friðheimar, qué se come allí, cómo funciona la granja y cómo encajarlo en una ruta por el Círculo Dorado.
Lo más importante que debes saber
- Friðheimar es una granja de tomates con invernadero y restaurante en Reykholt, al sur de Islandia.
- Comes literalmente dentro del invernadero, junto a las plantas.
- Su plato estrella es la sopa de tomate ilimitada con pan recién hecho.
- Funciona con energía geotérmica y electricidad renovable, sin pesticidas químicos.
- Las actividades con caballos (incluido el famoso tölt) hay que reservarlas con antelación.
- Conviene reservar mesa, sobre todo en verano.
- Está a poco más de una hora de Reikiavik, muy cerca de Geysir y Gullfoss.
¿Qué es realmente Friðheimar?
Friðheimar no es el típico restaurante con cuatro plantas decorativas para ambientar. Es una granja de verdad, en funcionamiento, con un restaurante dentro. Y eso cambia completamente la experiencia.
Está en Reykholt, dentro de la ruta del Círculo Dorado, y produce tomates durante todo el año. De hecho, abastece una parte importante del consumo de tomate en Islandia. Todo lo demás (el restaurante, la tienda, los caballos o las visitas) gira alrededor de esa actividad principal.
La familia que hay detrás
El proyecto lleva en marcha desde 1995 y lo gestionan Knútur Rafn Ármann, agrónomo, y Helena Hermundardóttir, horticultora. Compraron la finca y decidieron unir sus profesiones en un solo proyecto.
Sus cinco hijos también trabajan allí en el día a día, y eso se nota. No es un sitio impersonal ni pensado solo para turistas: tiene un ambiente muy familiar y auténtico.

Dónde está y cómo llegar
Friðheimar está en Reykholt (Bláskógabyggð), a unos 85 minutos en coche desde Reikiavik por la carretera 35. Está justo en plena ruta del Círculo Dorado, así que encaja perfectamente como parada para comer.
El recorrido típico suele ser: Parque Nacional de Þingvellir → zona geotérmica de Geysir (donde el géiser Strokkur entra en erupción cada pocos minutos) → cascada Gullfoss. Friðheimar queda justo en medio, así que puedes parar entre Geysir y Gullfoss, o al final antes de volver a Reikiavik. Muchos tours organizados ya lo incluyen como parada para comer.
Si vas en coche, no tendrás problema: hay aparcamiento gratuito y espacio incluso para autobuses. Eso sí, no hay transporte público directo, así que necesitas un coche de alquiler o ir en excursión organizada.
Está a unos 20 minutos de Geysir y 25 de Gullfoss, así que no supone desviarse ni perder tiempo en la ruta.
Cómo es la experiencia dentro del invernadero
Nada más entrar en el invernadero de Friðheimar después del frío exterior, el contraste es total: calorcito, humedad y ese olor tan característico de las plantas de tomate.
Las mesas están colocadas entre filas de plantas que crecen varios metros de altura, con luces encima y abejorros yendo de flor en flor.
Y aquí está la clave: no es un restaurante “ambientado” con plantas. Estás literalmente comiendo en medio de la producción. Los tomates que tienes en el plato estaban colgando de esas mismas plantas hace apenas unas horas. Eso es lo que lo hace especial de verdad.
Qué se come en Friðheimar
Aquí todo gira en torno al tomate, como es lógico. El menú está pensado a partir de lo que cultivan allí, y como los tomates se recogen el mismo día, el sabor es otro nivel.
La famosa sopa de tomate
El plato estrella, y por el que viene casi todo el mundo, es la sopa de tomate ilimitada, que puedes repetir todas las veces que quieras.
La sirven con pan recién hecho, mantequilla, nata agria y una salsa de pepino que le da un toque diferente.
Está buenísima: intensa, con un punto dulce natural que solo se consigue con producto realmente fresco. Y claro, cuando sabes que esos tomates estaban en la planta esa misma mañana, todo encaja.
Cuesta 3.740 ISK (unos 30 €). Puede parecer caro al principio, pero incluye barra libre de sopa y pan, así que al final compensa.
Más cosas del menú
Aunque la sopa es la protagonista, hay más platos interesantes si te apetece variar:
- Tomates tradicionales con burrata islandesa hecha a mano, aceite de albahaca y sal marina (perfecto para compartir).
- Pasta fresca (ravioli o tagliatelle) con salsa de tomate casera y verduras del propio invernadero.
- Tortilla horneada en piedra con tomate, albahaca y mozzarella (también versión vegana con pesto).
- Mejillones con salsa de tomate y marisco, si quieres algo más contundente.
- Ensalada del invernadero con extras como pollo, marisco o queso.
Postres y bebidas… todo sigue girando alrededor del tomate
Aquí es donde el sitio se pone creativo de verdad. Los postres y las bebidas también llevan tomate, y aunque suene raro al principio… sorprende para bien.
Entre los postres tienes:
- Helado de tomate con distintas salsas
- Cheesecake con mermelada de tomate verde y toques de canela y lima
- Sorbete de tres bolas con sabores como tomate con albahaca o tomate verde con romero
- Mousse de chocolate con mermelada de tomate
Todos tienen el mismo precio.
En bebidas, destacan los “Mary”: Virgin Mary, Bloody Mary o el Healthy Mary (con tomate verde, lima, jengibre y miel), entre otros. Incluso tienen cerveza de tomate de barril.
Podría quedarse en algo curioso o anecdótico, pero no: está todo realmente bueno.

Cómo consiguen cultivar tomates en Islandia
Que puedan producir tomates durante todo el año en Islandia tiene una explicación clara: la energía geotérmica.
El país está lleno de actividad volcánica, lo que permite aprovechar agua caliente del subsuelo. En este caso, la extraen de un pozo a unos 200 metros, llega a unos 95 °C y mantiene el invernadero a una temperatura estable todo el año.
Cómo funciona el sistema del invernadero
Además de eso, hay varios elementos clave que hacen posible todo el proceso:
- Iluminación artificial para compensar los inviernos largos y oscuros. Las luces LED se regulan solas según la luz natural exterior.
- CO₂ procedente del vapor geotérmico para ayudar a las plantas a crecer mejor.
- Agua de manantial (la misma que te sirven en la mesa) para el riego.
- Unos 1.200 abejorros encargados de la polinización, cada uno visitando hasta 2.000 flores al día.
- Nada de pesticidas químicos: solo control biológico.
Cultivan varias variedades: cherry Piccolo (su especialidad), tomate pera, tomate tipo cóctel y variedades tradicionales.
Y hay un detalle interesante: alrededor del 5 % de la producción no cumple los estándares de tamaño o apariencia para venderse, así que lo aprovechan en la cocina en lugar de tirarlo.
Dato curioso: llegan a producir hasta 2 toneladas de tomates al día, dan trabajo a más de 100 personas y cubren una parte importante del consumo de tomate en Islandia.
La parte de los caballos islandeses
Friðheimar no va solo de tomates. También es una granja donde crían caballos islandeses desde que empezaron en 1995. Knútur lleva años trabajando con ellos, centrándose sobre todo en el carácter, lo bien que responden y la calidad de sus movimientos.
En la finca tienen unos 40 caballos.
Qué hace especiales a los caballos islandeses
Los caballos islandeses son una raza muy pura. Llevan más de 1.000 años en la isla sin mezclarse con otras razas, algo bastante poco común.
Pero lo más curioso es otra cosa: tienen cinco tipos de paso en lugar de los tres habituales. A los clásicos (paso, trote y galope) se suman el tölt y el skeið (o paso volado).
El tölt es el más llamativo. Es un movimiento súper suave, incluso a bastante velocidad. El jinete prácticamente no se mueve. Cuando lo ves en directo, entiendes por qué es tan famoso.

Experiencias con caballos en Friðheimar
Si te interesa esta parte, hay varias opciones, pero todas hay que reservarlas antes:
- Visita privada a los establos con exhibición: te explican cómo son los caballos islandeses y ves en directo los cinco tipos de paso. Incluye café o té.
- Visita combinada (invernadero + establos): haces las dos cosas en una sola actividad. Cuesta 35.000 ISK por grupo (hasta 9 personas).
- Show de verano “A Meeting with the Icelandic Horse”: de mayo a octubre, pensado para grupos grandes (mínimo 25 personas). Se hace al aire libre, con música en directo y disponible en varios idiomas.
Cómo organizar la visita
Aquí no conviene improvisar demasiado. Friðheimar tiene bastante demanda, sobre todo en verano, y llegar sin reserva puede salir mal.
¿Hay que reservar?
Sí, para el restaurante principal prácticamente seguro. Lo más fácil es hacerlo online en dineout.is.
Si no encuentras sitio, el Winebar & Bistro (abierto todos los días de 12:00 a 22:00) no necesita reserva y puede salvarte el plan.
Las visitas al invernadero y las actividades con caballos también van con reserva previa y suelen requerir grupos mínimos.
Horarios
- Restaurante: de 11:30 a 16:00
- Tienda y bar: de 09:00 a 17:00
- Winebar & Bistro: de 12:00 a 22:00 (cocina hasta las 20:00)
- Visitas al invernadero: de 09:00 a 17:00
Cuándo ir
Friðheimar abre todo el año, y lo cierto es que tiene su encanto en cualquier época.
- Verano (mayo a octubre): más horas de luz, posibilidad de ver el espectáculo de caballos y ambiente más animado… pero también más gente. Si puedes, evita las horas punta de comida (12:30–14:00).
- Invierno: muy buena opción también. Entrar en un invernadero cálido y lleno de vida cuando fuera hace frío y está oscuro tiene algo muy especial. Además, entiendes mejor cómo funciona todo el sistema.
Cuánto tiempo dedicarle
Lo normal es estar entre 1,5 y 2 horas si vas a comer tranquilo y echar un vistazo a la tienda.
Si además haces visita al invernadero o a los establos, añade aproximadamente una hora más.

Precios y qué esperar
No es un sitio barato, eso hay que tenerlo claro. La sopa es la opción más asequible, pero si sumas actividades o vas en grupo, el gasto sube.
Aun así, aquí no solo pagas la comida, sino toda la experiencia: el entorno, la visita, el concepto…
Si buscas algo más económico, el Winebar & Bistro es una buena alternativa.
Puedes ver el menú y precios en su website.
¿Merece la pena?
Para la mayoría de gente que hace el Círculo Dorado, sí.
Es una parada que aporta algo distinto: calor, buena comida y una forma muy tangible de ver cómo Islandia aprovecha sus recursos naturales para producir alimentos.
El resto del recorrido es paisaje y geología. Friðheimar te enseña el lado práctico de todo eso. Y en persona gana mucho más de lo que parece al leerlo.
Y la comida… muy top. Especial mención al pan, que es una barbaridad.
Cómo encajarlo en la ruta del Círculo Dorado
Friðheimar encaja perfecto como parada para comer entre los puntos principales.
Como la mayoría de paradas del Círculo Dorado son rápidas y al aire libre, sentarte un rato dentro del invernadero se agradece muchísimo.
Un itinerario típico desde Reikiavik sería:
- Reikiavik → Parque Nacional de Þingvellir
- Þingvellir → Brúarfoss o granja Efstidalur
- Seguir hasta la zona geotérmica de Geysir
- Friðheimar (parada para comer)
- Friðheimar → cascada Gullfoss
- Parada opcional en el cráter Kerið
- Vuelta a Reikiavik
Algunas paradas extra interesantes
Si quieres añadir algo más al día:
- Brúarfoss: cascada pequeña pero con un azul increíble (hay que caminar un poco).
- Efstidalur: parada rápida en una granja para tomar helado.
- Skálholt: sitio histórico, tranquilo y con menos gente.
- Faxi: cascada sencilla y poco concurrida.
- Kerið: uno de los desvíos más fáciles de añadir al final del recorrido.
Distancias orientativas
Para que te hagas una idea:
- De Geysir a Friðheimar: unos 20 minutos
- De Friðheimar a Gullfoss: unos 25 minutos
- De Reikiavik a Friðheimar: 1 hora y 25 minutos
Por ubicación, no es ningún desvío. Está justo en medio del recorrido, entre Geysir y Gullfoss, y aporta algo completamente distinto al resto de paradas.
Conclusión
Friðheimar no es la típica parada del Círculo Dorado. No es un paisaje ni un fenómeno natural. Es una granja en funcionamiento que ha sabido adaptarse al entorno de Islandia y convertirlo en algo único.
Si vas a hacer el Círculo Dorado, merece mucho la pena incluirlo.
Reserva con antelación, pide la sopa… y deja sitio para el postre.








