
La cerveza en Islandia: tu guía completa por la tierra del fuego, el hielo y la buena cerveza
Islandia es conocida por sus cascadas gigantes, sus campos de lava y unos paisajes que parecen sacados de otro planeta, pero hay algo que mucha gente no espera: el país tiene una cultura cervecera realmente fantástica. Pasó de prohibir la cerveza durante casi todo el siglo XX a convertirse en un lugar lleno de cervecerías creativas, ingredientes únicos y una forma de disfrutar la cerveza que es moderna, pero muy ligada a la historia del país.
Tanto si te gusta tomarte una caña de vez en cuando como si organizas tus viajes alrededor de cervecerías, esta guía te lleva desde las lagers más clásicas hasta las cervezas artesanas más atrevidas.
Información clave
- Islandia prohibió la cerveza entre 1915 y 1989, siendo el último país de Europa en volver a legalizarla.
- El 1 de marzo es el Día de la Cerveza, o Bjórdagurinn, y se celebra en todo el país como una gran fiesta.
- Una pinta en un bar suele costar entre 8 y 12 dólares; el duty free del aeropuerto es, con diferencia, el sitio más barato para comprar cerveza.
- Hoy en día hay más de 20 cervecerías en Islandia, muchas de ellas usando agua glaciar y hierbas locales.
- Hay que tener al menos 20 años para comprar alcohol, y cualquier bebida con más de un 2,25 % de alcohol solo se vende en las tiendas estatales Vínbúðin.
Un vistazo a la cerveza en Islandia
La cerveza tiene un lugar bastante curioso en la historia islandesa. Durante gran parte del siglo XX, simplemente no estaba permitido beberla. No fue por motivos religiosos ni de salud, sino por una mezcla de decisiones políticas e ideas culturales que en su momento parecían razonables, aunque hoy resulten difíciles de entender.
Actualmente, la cerveza es la bebida alcohólica favorita en Islandia, sin discusión. Más del 60 % del alcohol que se consume en el país es cerveza. Como en 1989 prácticamente tuvieron que crear una escena cervecera desde cero, los cerveceros tuvieron libertad total para experimentar desde el principio. Combinaron tradiciones clásicas con ingredientes locales de una forma fresca, original y muy bien pensada.
El entorno natural influye muchísimo en la cerveza islandesa. Muchas cervecerías utilizan agua glaciar purísima que ha pasado durante siglos por roca volcánica, lo que da como resultado una base increíblemente limpia y fresca. Además, es habitual encontrar ingredientes como tomillo ártico, bayas de enebro o incluso algas. Son sabores que no se encuentran en ningún otro sitio.
Si viajas a Islandia, conviene entender cómo funciona el sistema de venta de alcohol. Toda la venta pasa por tiendas estatales llamadas Vínbúðin. Los precios son altos y no verás cerveza normal en los supermercados, pero a cambio la calidad suele ser muy consistente. En Islandia la cerveza se disfruta con calma y respeto, no como algo que se bebe sin pensar.

Contexto histórico: de la cerveza vikinga a la prohibición
La historia de la cerveza en Islandia empieza con los vikingos que se asentaron en la isla alrededor del año 874 d. C. Trajeron consigo tradiciones cerveceras de Escandinavia, y textos antiguos como el Hávamál mencionan la cerveza junto al hidromiel como bebidas habituales tanto en celebraciones como en la vida diaria.
El clima, eso sí, lo puso complicado. Entre aproximadamente 1300 y 1850, Islandia sufrió la Pequeña Edad de Hielo, y cultivar cebada se volvió casi imposible. Eso obligó a importar ingredientes o directamente prescindir de ellos, algo que seguramente influyó en las peculiares leyes sobre el alcohol que llegarían más tarde.
Todo se volvió serio en 1908, cuando el 60,1 % de la población votó a favor de prohibir todo el alcohol. La prohibición empezó oficialmente el 1 de enero de 1915, convirtiendo a Islandia en el primer país de Europa en prohibir cualquier bebida alcohólica.
Con el tiempo, la prohibición se fue relajando. España y Portugal compraban enormes cantidades de bacalao salado islandés y, básicamente, obligaron al país a volver a permitir el vino en 1922 para no perder ese comercio. Los licores regresaron en 1935 tras otra votación. La cerveza, sin embargo, siguió siendo ilegal durante 54 años más.
¿La razón? Mucha gente pensaba que la cerveza era demasiado barata y fácil de beber y, por tanto, peligrosa. También había un componente político: la cerveza se asociaba con Dinamarca y en plena lucha por la independencia eso no sentaba bien. En algunos círculos, beber cerveza podía considerarse poco patriótico.
Durante la prohibición, la creatividad se disparó… no siempre para bien. El contrabando de cerveza era bastante común y otros mezclaban licores legales como el brennivín con una “pilsner” de baja graduación para crear algo llamado bjórlíki. Un historiador lo describió como “interesante y completamente repugnante”, y probablemente no exageraba.
Todo cambió el 1 de marzo de 1989, cuando por fin se levantó la prohibición de la cerveza. Los bares se prepararon a lo grande y ese día se convirtió inmediatamente en una fiesta nacional: el Día de la Cerveza, que todavía hoy se celebra cada año con ofertas, eventos y mucho ambiente.
La cerveza se impuso muy rápido. Entre 1989 y 2007, las ventas se duplicaron hasta los 19,4 millones de litros al año. En 2014, la cerveza ya representaba el 62 % de todo el alcohol consumido en Islandia. El país pasó casi de golpe de los licores fuertes a bebidas más ligeras y fáciles de disfrutar.

Principales cervecerías y mejores marcas de Islandia
El panorama cervecero islandés mezcla grandes cerveceras históricas con pequeñas cervecerías artesanas más recientes. Dos grandes nombres siguen dominando el mercado nacional, pero la escena craft tiene muchísima personalidad.
Cervecerías históricas
Egill Skallagrímsson Brewery, fundada en 1913, es la cervecería más antigua del país. Está en Reikiavik y produce la cerveza más vendida de Islandia, Egils Gull. Esta lager dorada y ligera es lo que la mayoría de la gente imagina cuando piensa en una cerveza islandesa. También elaboran Boli, una lager más fuerte pensada para exportación, y en 2010 dieron el salto a la cerveza artesana con la premiada línea Borg Brugghús.
Víking Brewery nació en Akureyri en 1939 y hoy pertenece a Coca-Cola European Partners. Su cerveza principal, Víking Gylltur, es una lager premium fresca, con un toque maltoso. También elaboran Víking Classic, una lager estilo Viena, y Thule, una cerveza muy especial porque fue de las primeras que salieron tras el fin de la prohibición.
Ambas cervecerías se pueden visitar. Egill ofrece tours con degustaciones de cervezas clásicas y artesanas, y a veces incluso dejan probar el antiguo bjórlíki de la época de la prohibición. Víking tiene un pequeño museo que explica cómo ayudaron a devolver la cerveza a Islandia.
Cervecerías artesanas y modernas
La revolución craft empezó de verdad en 2006 con Bruggsmiðjan Kaldi, la primera microcervecería del país. Está en el norte, en Árskógssandur, y fue pionera en inspirarse en la tradición cervecera checa usando solo ingredientes naturales. Su cerveza estrella, Kaldi Blonde, es una pilsner limpia y suave que combina de maravilla con el pescado y el marisco islandeses.
Kaldi también tiene algo muy poco común: un spa de cerveza. Literalmente te bañas en tinas llenas de cerveza joven, lúpulo y levadura mientras te tomas una pinta. Suena raro, pero es sorprendentemente relajante y dicen que es bueno para la piel.
Einstök Ölgerð elabora su cerveza a unos 100 kilómetros al sur del Círculo Polar Ártico, en Akureyri. Su White Ale, con cilantro y piel de naranja, se ha hecho famosa fuera de Islandia y se vende en muchos países. Toda su imagen juega con la estética nórdica, incluido su logo con casco vikingo.
Borg Brugghús, aunque forma parte de Egill, se ha ganado su propia reputación. Desde 2010 lanzan cervezas de producción limitada con nombres inspirados en la mitología nórdica. Úlfur IPA destaca por sus potentes notas de pomelo y pino y la serie Surtur de imperial stouts supera el 14 % de alcohol con sabores intensos de vainilla y chocolate.
Ölvisholt Brugghús, cerca de Selfoss, convirtió una antigua granja lechera en cervecería en 2007. Su cerveza más famosa, Lava, es una imperial stout ahumada que ganó el premio a la mejor de su categoría en el U.S. Open Beer Championship de 2012. Sus etiquetas volcánicas encajan perfectamente con el carácter islandés.
Otros proyectos interesantes son Ölverk en Hveragerði, que funciona con energía geotérmica, y Segull 67 en Siglufjörður, un pequeño pueblo pesquero donde la cervecería está en una antigua fábrica de pescado junto al puerto.
Estilos de cerveza islandeses y qué probar sí o sí
La variedad de cervezas islandesas es enorme: lagers refrescantes, IPAs cargadas de lúpulo, stouts intensas y ediciones de temporada con hierbas locales e ingredientes poco habituales. El agua glaciar, extremadamente pura, da a todas las cervezas un carácter muy limpio, y el entorno añade ese toque nórdico tan especial.
Cervezas más populares
Kaldi Blonde es un punto de partida perfecto. Es una pilsner de estilo checo que deja muy claro lo buena que es el agua islandesa. Con un 5 % de alcohol, es refrescante pero con cuerpo, y combina genial con platos clásicos islandeses como pescado rebozado o cordero.
Egils Gull es la cerveza del día a día. Una lager dorada sencilla que está en todas partes. No pretende ser sofisticada, pero está bien hecha y representa lo que bebe la mayoría del país. Vendría a ser la Helles alemana versión islandesa.
Para los fans de la craft, Úlfur IPA de Borg Brugghús ofrece un perfil muy americano, con pomelo y pino, pero bien equilibrado gracias a la base de malta y al agua limpia.
Einstök White Ale añade un toque belga con cilantro y piel de naranja. Es fresca, ligera y sorprendentemente buena con la cocina islandesa, además de ser una de las más exportadas.

Cervezas de temporada y especiales
Las cervezas estacionales son clave en Islandia. Las Jólabjór, o cervezas de Navidad, llegan en noviembre y casi todas las cervecerías sacan la suya. Suelen ser más oscuras, intensas y maltosas, perfectas para el invierno.
Durante el festival Þorrablót, en enero y febrero, aparecen cervezas pensadas para acompañar comida tradicional conservada. Algunas usan ingredientes tan extremos como cordero ahumado o tiburón fermentado. No son fáciles de beber, pero desde luego no se olvidan.
En verano llegan cervezas más ligeras, ideales para festivales y noches de sol de medianoche. Se usan hierbas recolectadas como tomillo ártico o enebro, que les dan un sabor muy local.
Borg Brugghús destaca especialmente en lo experimental. Su serie numerada incluye cervezas como Surtur Nr. 8.2, una imperial stout envejecida en barricas de bourbon con notas de vainilla y regaliz, o Leifur Nr. 32, una saison nórdica elaborada con plantas locales. Vuelan de las estanterías.
¿Qué hace especial a la cerveza islandesa?
Hay varios factores que le dan personalidad propia. El más importante es el agua: el agua glaciar islandesa se filtra durante siglos a través de roca volcánica, quedando increíblemente pura y con el equilibrio mineral ideal.
Los ingredientes locales también marcan la diferencia. El tomillo ártico aporta un toque herbal suave, el enebro da notas botánicas similares a la ginebra y algunos cerveceros incluso usan algas o ceniza volcánica para crear sabores únicos.
Otro punto clave es que Islandia llegó tarde al mundo cervecero moderno. Al legalizar la cerveza en 1989, las cervecerías no estaban atadas a tradiciones antiguas y pudieron mezclar influencias de Alemania, Bélgica, Chequia o Estados Unidos con ideas propias.
El clima también influye: los inviernos largos y oscuros favorecen stouts y porters, mientras que los veranos cortos pero luminosos inspiran cervezas más ligeras.
A nivel cultural, la historia pesa mucho. El brindis “Skál!” aparece en muchas etiquetas y los nombres de las cervezas suelen hacer referencia a la mitología nórdica y a las sagas islandesas. Tras tantos años de prohibición, hoy la cerveza se vive con un espíritu de celebración y libertad.

Cultura cervecera y cómo se bebe hoy en Islandia
La cerveza es la bebida alcohólica más popular aquí, pero se bebe con cabeza.
Entre semana, el consumo es tranquilo: una cerveza con la cena o durante el happy hour. Los fines de semana la cosa se anima, sobre todo en Reikiavik, donde el rúntur —una ruta de bares nocturna— puede alargarse hasta bien entrada la mañana.
El happy hour es clave porque el alcohol es caro. Muchos bares ofrecen descuentos entre las 16:00 y las 19:00 entre semana, y la app "Appy Hour" ayuda a encontrar las mejores ofertas.
Los spas de cerveza son otro clásico curioso. En el Kaldi Beer Spa te bañas en ingredientes de cerveza caliente mientras bebes cerveza de grifo. Raro, sí, pero memorable.
En Reikiavik, bares como Micro Bar y Skúli Craft Bar son el centro de la escena craft. El ambiente es social y relajado, con grifos que cambian constantemente.
Fuera de la capital, la cultura varía. Akureyri tiene una escena muy activa gracias a Einstök y Kaldi. En pueblos pequeños dominan las lagers clásicas, aunque la craft va ganando terreno.
Las celebraciones estacionales ponen la cerveza en primer plano. El Día de la Cerveza, el 1 de marzo, y los festivales de verano llenan el país de ambiente, especialmente bajo el sol de medianoche.

Mercado, cifras y tendencias
Desde 1989, el mercado cervecero islandés ha cambiado por completo.
- La cerveza representa más del 60 % del alcohol consumido.
- En 2007 se alcanzaron los 19,4 millones de litros.
- En los últimos años hay un ligero descenso por motivos de salud.
La escena craft es enorme para un país tan pequeño:
- Más de 20 cervecerías en 2025.
- Una cervecería por cada 19.000 habitantes.
- Más densidad que en Estados Unidos.
Einstök lidera la exportación, y otras cervecerías empiezan a mirar al exterior, aunque muchas siguen centradas en el mercado local.
Los precios son altos por los impuestos:
- Botella de 0,33 l en Vínbúðin: 350–500 ISK.
- Pinta en bar: 1.200–1.800 ISK.
Incluso con fábricas de cerveza más grandes que compran a otras más pequeñas, la escena de la cerveza artesanal de Islandia sigue siendo muy cercana y personal. Muchas de las pequeñas fábricas siguen siendo negocios familiares y están muy ligadas a sus regiones, lo que mantiene diverso el panorama cervecero del país en lugar de dejar que todo se mezcle en un único estilo.
El turismo se ha convertido también en una parte enorme de la economía de la cerveza. Las visitas a las fábricas, las sesiones de cata y la venta de recuerdos ayudan a compensar el alto coste de mantener una fábrica de cerveza en Islandia.
Guía de viaje: dónde tomarte una buena cerveza en Islandia
Islandia es un país pequeño, así que moverte entre regiones no supone grandes palizas en coche. Y lo mejor es que cada zona tiene su propio rollo cervecero. Da igual si te quedas en Reikiavik o si te lanzas a recorrer el país: siempre habrá alguna sorpresa esperándote.
Reikiavik
La capital concentra, con diferencia, la escena cervecera más potente y variada de Islandia. La mayoría de los bares que merecen la pena están en el centro, en el barrio 101, y se llega a todos andando sin problema.
Micro Bar es un imprescindible para los muy cerveceros. Es pequeño, acogedor y está en un sótano, lo que le da bastante encanto. Aquí casi todo es cerveza artesana islandesa. El personal controla mucho y te echa una mano para montar degustaciones o descubrir algo nuevo. Es un sitio tranquilo y cercano, nada de música alta ni ambiente de fiesta.
Skúli Craft Bar tiene algo más de movimiento, pero sigue siendo un bar donde la cerveza es la protagonista. Los grifos cambian a menudo y combinan lo mejor de las cerveceras islandesas con algunas importaciones bien elegidas. Al estar en un piso alto se siente más amplio y luminoso que muchos bares del centro.
El bar del Kex Hostel es otra parada muy recomendable. Está dentro de una antigua fábrica de galletas, así que el toque industrial le da mucha personalidad. Elaboran parte de su cerveza allí mismo y el ambiente es una mezcla muy curiosa de viajeros y locales del mundillo creativo.
Cerca del Puerto Viejo, Bryggjan Brugghús une cervecería y restaurante en un mismo espacio. Aquí puedes tomarte IPAs y stouts recién salidas del tanque mientras miras al mar. Además, la comida acompaña muy bien y está pensada para disfrutarla con una cerveza en la mano.

Fuera de Reikiavik
Akureyri, en el norte, es mucho más tranquila, pero tiene una identidad cervecera muy clara. La cervecera Einstök tiene un espacio de degustación donde puedes probar toda su gama y descubrir cómo es elaborar cerveza tan cerca del Círculo Polar Ártico. El pueblo es pequeño y se recorre fácilmente a pie, y sitios como Götulist o RUB23 apuestan fuerte por la cerveza artesana local.
En los Fiordos del Oeste, los más aventureros pueden acercarse a Dokkan Brugghús, en Ísafjörður. Está bastante aislada, pero precisamente ahí está la gracia. Utilizan agua pura de montaña y el taproom es tan pequeño y cercano que muchas veces acabas charlando directamente con los propios cerveceros.
Si estás recorriendo la costa sur, merece mucho la pena parar en Ölverk, en Hveragerði. Toda la cervecería funciona con energía geotérmica y su combo de pizza y cerveza es mano de santo después de un día de excursiones. Además, ofrecen visitas guiadas en las que explican cómo aprovechan el calor natural para elaborar sus cervezas.

Consejos de viaje
- Compra cerveza en el duty free del aeropuerto de Keflavík nada más llegar.
- Usa Appy Hour para encontrar happy hours.
- Planifica las visitas a Vínbúðin: cierran pronto y no abren domingos.
- Lleva siempre DNI o pasaporte: la edad mínima es de 20 años.
- Nunca bebas y conduzcas: el límite legal es solo del 0,02 %.

Resumen
La cultura cervecera islandesa es una de las transformaciones más impresionantes que existen: de 74 años de prohibición a una escena artesana vibrante y creativa. Empezar tarde les permitió experimentar sin ataduras, usando agua glaciar, hierbas árticas y estilos únicos.
Sí, la cerveza es cara, pero la calidad lo compensa. Con un poco de planificación, la experiencia merece muchísimo la pena. Ya sea tomando una Úlfur IPA bajo la aurora boreal o relajándote en el Kaldi Beer Spa con una Kaldi Blonde, Islandia ofrece experiencias cerveceras inolvidables.
Agua pura, creatividad y una cultura que sabe celebrar: Islandia es un destino cervecero de primer nivel. Y con cervezas así, mejor disfrutarlas despacio. Cada pinta lo merece.






